Cada vez que entro al Laboratorio de química de mi edificio, el lugar que he estado habitando durante los últimos meses, me acuerdo del primer pensamiento que tuve la primera vez que atravesé esas puertas: ¿Qué hace un laboratorio de Química en este edificio? En mi inocente ignorancia no concebía la necesidad de tener dichas instalaciones para propósitos de ingeniería de posiblemente uno de los materiales más utilizados en la construcción: El concreto. Valla sorpresa que tengo ahora que después de casi 4 meses de trabajar en la química del cemento me doy cuenta lo tan necesario que es entender la química detrás de las cosas simples, comunes, rutinarias e incluso ignoradas.
Comenzando por el cemento, el ingrediente activo del concreto, es el reactivo que une todos los componentes y en cuyo proceso de hidratación (cuando se le agrega agua) ocurren tantas reacciones como se generan nuevos productos. La química del cemento no es simplemente agregar agua y mezclar, es toda una ciencia que estudia desde los componentes de la materia prima del concreto, su proceso de transformación, manufactura, composición, hidratación e interacción de cada uno de los múltiples tipos de material cementante existente.
Posteriormente se encuentran productos de hidratación, los cuales permiten una estructura endurecida y que permanentemente están en constante cambio a medida que la hidratación continúa. Finalmente encontramos la solución de poros, la fracción líquida del concreto, la cual es el medio a través del cual los agentes externos se movilizan al interior del concreto. Efectos de reducción de volumen, agrietamiento, expansión, corrosión y sus posibles soluciones son motivo de estudio de los intrépidos dedicados a la química del cemento.
A partir de esta fugaz reflexión ahora me pregunto: ¿Por qué no hay un laboratorio para estudiar la química del Cemento en las instalaciones de Ingeniería Civil de mi amada Universidad Nacional?. Una interesante propuesta, creería yo.
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