El pasado 26 de abril tuve mi presentación en el Seminario Nexo Global que llevamos a cabo todos los martes en horas de la tarde, aquí, en Purdue University. Me preparé, di el discurso, discutimos algunas preguntas, recibí varias críticas constructivas por parte de mis colegas. En fin, fue en términos generales una presentación agradable desde mi punto de vista.
Y en el fondo del salón, atento toda la sesión contestando preguntas que yo no sabía, se encontraba mi advisor, Torsten Reimer. Pero también había alguien más. El profesor Reimer había llevado a sus dos hijos, "Basti" and "Morris" (como él los llama). De 15 y 10 años respectivamente, ellos me recordaron toda la sesión a mi hermana Valeria. Una simpática chica deportiva de 13 años, amante al teatro y al compartir entre amigos. A ella la recuerdo cada vez que hablo con los hijos de mi profesor, llenos de alegría y vitalidad, como mi pequeña "Vale" -así le digo yo- suele ser.
Al final de la presentación, nos tomamos una foto los cuatro. Mi profesor, sus hijos y yo. El apoyo familiar que logro ver en ellos es tan particularmente sólido que, con mi familia en mente, tengo fuerzas suficientes para seguir adelante en el proyecto. Mi madre, mi padre, mi hermana (y obviamente mi perro) son un apoyo incondicional que, ahora más que cualquier otro día en Bogotá, aprecio y valoro.
Los extraño indudablemente. Pero sin que ello sea un impedimento ni mucho menos, estudio y me esfuerzo por verlos de nuevo en un par de meses, sabiendo que he dado todo lo que he podido, acorde a todo lo que he aprendido de ellos.
Gracias por leer.
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