El domingo 7 de febrero visité el Museo de la Tierra de Ithaca junto con Juan Sebastián. Después de caminar y tomar 2 buses finalmente llegamos al museo. Este se encuentra en lo alto de las colinas del Oeste de la ciudad y consta de un par de casas antiguas semejantes a las que se encuentran en el campus y de una estructura mucho más moderna.
Expectantes, llegamos a la entrada y lo primero que vimos fue el esqueleto de una enorme ballena. Yo realmente no estaba muy segura de lo que iba a encontrar en este museo puesto que Ithaca no es una urbe tan grande. Sin embargo, el museo superó mis expectativas. Aunque sólo cuenta con unas pocas salas que se recorren en 2 o 3 horas, el contenido de cada una de ellas se encuentra muy bien diseñado. Cada exhibición resulta muy didáctica, la información está muy bien explicada y condensada y el montaje resulta atractivo para niños y adultos. Como estudiante de Geología pude verificar que en efecto, lo mostrado en el museo tiene una sólida y veraz base investigativa, lo cual no sorprende puesto que trabaja de la mano con el Instituto para la investigación en Paleontología (el cual a su vez se encuentra afiliado a la Universidad de Cornell).
Resulta emocionante ver cómo el ambiente cultural y académico trasciende más allá del campus hacia otros espacios y comunidades en Ithaca. En el museo pude ver a numerosas familias descubriendo pequeños fósiles por medio de una potente cámara y una gran pantalla, aprendiendo sobre las glaciaciones al lado del esqueleto (real, no un modelo) de un enorme mastodonte y comparando la vida marina actual del Mar Caribe y el Océano Pacífico con la fauna que habitaba los mares millones de años atrás.
Recomiendo esta visita a todos aquellos que sientan curiosidad por conocer no sólo sobre la geología regional y local de Ithaca y el estado de New York sino también sobre los 4.5 millones de años de historia de La Tierra que encierra esta hermosa locación en las afueras de la ciudad.
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